Psicobióticos y emociones

Irina Matveikova es licenciada en medicina de familia y está especializada en medicina funcional, endocrinología, nutrición y en trastornos del comportamiento alimentario. Con más de veinticinco años de experiencia profesional, en la actualidad dirige su consulta privada en Madrid, colabora con varios hospitales e imparte conferencias y cursos en diferentes ciudades de España y del extranjero.

Es miembro de la IFM (Institute of Functional Medicine), ESNM (European Society of Neurogastroenterology & Motility), de la Sociedad Científica Internacional Gut Microbioma for Health y de BHMA (British Herbal Medicine Association). Ha cursado estudios de posgrado en medicina holística y preventiva en diferentes países del mundo y ha aprendido diversos métodos de tratamientos integrales en ámbitos internacionales. Tras varios años de experiencia ha creado los suyos propios, así como protocolos con un enfoque de diagnóstico exhaustivo, reeducación y prevención.

En su práctica de medicina familiar, presta especial atención a la salud digestiva e inmunológica, aplicando nuevas investigaciones sobre la neurogastroenterología, el microbioma humano (nuestras bacterias «buenas») y la nutrición funcional. Defensora de la educación sanitaria para generar cambios y promover la prevención, lucha por un paciente consciente, bien informado y responsable.

Además colabora en programas de radio, televisión y ha escrito numerosos artículos así como los libros Inteligencia digestiva, Salud pura, Inteligencia digestiva para niños y Bacterias: La revolución digestiva.

1. Estamos viviendo una renovación del paradigma bacteriano, especialmente en su relación con nuestra salud. ¿Podemos decir que hay bacterias buenas y malas?

Buena pregunta. La microbiología como ciencia nació hace un par de siglos y desde entonces se han estudiado las bacterias como culpables de infecciones y enfermedades. A finales del siglo XIX se empezó a desarrollar todo el tema de desinfección y esterilización, y en la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de los antibióticos. Gracias a esos avances se han salvado millones de personas.

Durante estos años hemos vivido con la idea de que las bacterias son malas y que debemos matarlas.

Pero ahora estamos viviendo toda una revolución médica, una revolución que empezó a ver la luz en los años 30 del pasado siglo, cuando aparecieron las primeras publicaciones que informaban que quienes tomaban bacterias buenas tenían mejor calidad de vida y vivían más. Así empezaron a publicarse estudios que hablaban de la relación entre las bacterias del colon y la salud mental, y que demostraban que habitantes de las montañas que tomaban mucho yogur vivían más años. E incluso aparecieron investigaciones que indicaban que enfermos mentales (esquizofrenia y bipolares) mejoraban cuando tomaban estas bacterias.

2. ¿Y podríamos decir que son esenciales para nuestra salud?

Podríamos decir que sí. Hace unos 20 años se dio otro paso adelante en cuanto a investigación del microbioma. Se empezó a pensar que las baterías no solo podían ser buenas, sino que incluso podrían llegar a ser imprescindibles para la salud.

El 90 % de las células que hay en nuestro cuerpo son bacterias, eso supone casi 2 kg de células bacterianas. Eso es mucho.

Además hay que pensar que estas bacterias llevan milenios conviviendo y evolucionando con nosotros, por lo que se ha establecido una relación muy estrecha e importante. Se ha creado una simbiosis en la que nos ayudamos mutuamente, bacterias y humanos, una especie de fusión metabólica, genética, neurológica, funcional… Como si en conjunto fuésemos un solo ecosistema formado por células humanas y microorganismos.

Pero todo apunta a que esa unión aún puede ser más íntima. Las bacterias tienen 300 veces más material genético que nosotros y parece ser que nosotros podemos utilizar sus metabolitos para regenerar, reparar, cicatrizar,… es como si fuesen un pequeño taller de reparaciones, una ITV para todo nuestro cuerpo, porque ellas son las primeras interesadas en nuestra salud.

3. ¿Se sabe el nombre de estas bacterias?

Gracias al proyecto microbioma humano estamos estudiando cuántas bacterias conviven con nosotros. Y por el momento ya se conocen aproximadamente 300 – 400  especies que muestran ser beneficiosas para nuestra salud, tanto física como mental. Algunas de estas especies las encontramos en los complementos alimenticios que conocemos como probióticos.

4. En tus libros hablas mucho del segundo cerebro. ¿Qué quiere decir?

El segundo cerebro es un término que apareció por primera vez en 1999, en el libro del Dr. Michael Gershon, que escribió a raíz de sus investigaciones sobre la red neuronal que hay en el intestino. El Dr. Gershon está considerado el padre de la nueva rama de la ciencia médica que es la neurogastroenterología.

En el intestino, entre la capa mucosa y la muscular, encontramos una red formada por unas 100.000.000 neuronas, una red neuronal vital y formada por neuronas idénticas a las cerebrales. Estas neuronas suministran moléculas, neurotransmisores y algunas hormonas que necesitamos para un buen funcionamiento del cuerpo, pero también del cerebro, como la serotonina, dopamina, que pueden llegar al cerebro superior.

Ahora estamos estudiando como el sistema nervioso entérico, el que hay en los intestinos, puede jugar un papel importante en las emociones, la estabilidad psicológica, así como en parámetros mentales y de calidad de vida.

5. El termino psicobiótico se ha acuñado recientemente. ¿Nos podrías explicar a que se refiere?

El psiquiatra Timothy Dinan, la nutricionista Catherine Stanton y el neurocientífico John Cryan acuñaron en 2013 el término psicobióticos para definir una nueva clase de probióticos que son capaces de producir sustancias que influyen en la salud mental.

6. ¿Cree que son válidos en casos como por ejemplo los estados de ansiedad?

Estos microorganismos en general influyen positivamente en nuestro bienestar. Las bacterias pueden ejercer varias acciones para influir en nuestras neuronas. En primer lugar actúan sobre el nervio vago, un cable importante que conecta todos los cerebros. Además y en paralelo, las bacterias intestinales pueden ayudar a reparar la mucosa intestinal y regular la inflamación, reduciendo la producción de las moléculas pro-inflamatorias que hacen daño al cerebro; tanto influyendo en nuestro propio sistema endocrino estimulando producción de nuestras hormonas y neurotransmisores; como produciendo sus propios metabolitos. Todas estas acciones en conjunto influyen en nuestro cerebro.

Además, estas acciones además están muy bien coordinadas, porque las bacterias se pueden comunicar tanto entre sí, como con nuestro organismo. Todo es coordinación.

Por ejemplo si tienen “hambre” o les faltan aminoácidos, son capaces de enviar un mensaje a nuestro cerebro para que nosotros busquemos aquellos nutrientes proteicos que ellas necesitan. Si ellas están incómodas y necesitan glucosa, pueden hacernos comer más carbohidratos. Ya que en el fondo, todo lo que nosotros comemos, también es todo lo que “comen” ellas.

Pero esta influencia va más allá de antojos y hambre. Si las bacterias no se encuentran equilibradas pueden generarnos sensaciones de ansiedad y estrés. Gracias a eso, ahora sabemos que una buena microbiota nos ayudar a mejorar estas sensaciones. Por ejemplo, en un estudio con animales recién nacidos, se vio que si se les dejaba sin bacterias intestinales el cuerpo crecía pero el cerebro no se desarrollaba. Por eso los probióticos y la nutrición adecuada son una ayuda a problemas de desarrollo cerebral o trastornos de atención o del comportamiento.

“Las bacterias de los preparados probióticos son más fuertes y tienen más probabilidades de sobrevivir y llegar viables hasta el intestino”. Dra. Irina Matveikova.

 

7. ¿Qué cantidad y cuándo se deberían tomar?

Es recomendable tomar alimentos probióticos regularmente en forma de yogures y otros alimentos fermentados, como los yogures y fermentados de soja, de coco o la kombucha. Lo que es importante es que estos alimentos sean lo más naturales posible, con el mínimo de aditivos y de la máxima calidad. Por ejemplo yogur natural ecológico y elaborado correctamente sin aditivos puede llegar a tener 100 millones de bacterias y ser un buen aporte de probióticos.

Si no puede tomar lácteos, se puede recurrir a suplementos de probióticos que contengan diez mil millones de bacterias vivas. Estos suplementos tienen la ventaja añadida que sus bacterias son más fuertes que las del yogur y sobrevivirán más, llegando más cantidad al intestino.

En el caso de que no se tomen alimentos fermentados, recomiendo a las personas sanas sobre todo para prevenir, tomar suplementos que contengan unos 10.000 millones de bacterias probióticas al día durante 10 a 15 días al mes y luego descansar. Algunos estudios demuestran que tomándolos durante medio mes y descansando otro medio, conseguimos mantener la función protectora de estos probióticos.

Y cuando hay periodos de estrés, infecciones, cambios de alimentación o viajes, también recomiendo tomar un plus de suplementos de hasta 100.000 millones de probióticos.

8. Cuáles son las cepas más utilizadas

Hay muchísimas cepas, el tema es que hay que valorar la calidad y cantidad del probiótico. Es interesante que contenga de 4 a no más de 7-10 cepas distintas con presencia notable de cada una de ellas. El hecho de que estén identificadas con números y letras en mayúsculas también es muy interesante, ya estos se refieren a su registro oficial, estudios clínicos y tiene aval de estudios científicos que nos dan más garantía.

Estas características justifican que los probiótos no sean económicos, ya que producir y mantener bacterias sanas y beneficiosas para la salud, no es fácil ni barato. Yo no daría recomendaría tener cuidado con un probiótico con precio de rebajas, porque hablamos de microorganismos vivos.

9. ¿Y a nivel de bienestar emocional?

En bienestar mental el Lactobacillus rhamnosus es la reina de los psicobióticos. De todos modos y en general, estas bacterias son más beneficiosas cuando actúan combinadas unas con otras, en simbiosis. Pero aún faltan muchos datos y estudios.

10. ¿Cuál es la realidad de los probióticos en la sanidad Española, tanto en lo referente a los suplementos como a otros tratamientos más contundentes como los trasplantes de heces?

Esta mejor que hace unos años, ahora la Seguridad Social los prescribe más, sobre todo en pediatría o tras tratamientos con antibióticos para regenerar la flora intestinal. Lo que sí que es cierto es que por el momento en sanidad pública no se recetan muchas cepas distintas. Cuando buscamos cepas más específicas hay que recurrir a suplementos de venta en las farmacias en primer lugar, también en tiendas de dietética y especializadas.

En cuanto a centros sanitarios que los están incorporando de una forma más activa, nos encontramos con casos como el Hospital de la Paz, en Madrid, que además de prescribirlos ha publicado muchos estudios sobre microbiota intestinal.

En un futuro será inevitable que los probióticos se prescriban más para tratar molestias digestivas y se utilizan sobre todo en todas las enfermedades crónicas.

11. ¿Cómo ayudan en las enfermedades crónicas?

Las enfermedades crónicas muchas veces son de origen metabólico o inmunológico y en general tienen un componente inflamatorio, como la diabetes, obesidad, fibromialgia, …

También sabemos que el 80 % de la inflamación se genera en el intestino delgado, donde hay un íntimo contacto entre nuestro sistema inmune y las bacterias intestinales. De modo que equilibrando estas bacterias, ayudamos a tratar el lumen y su relación con estos microorganismos, que pueden influir y ayudar a reducir la inflamación.

En paralelo debemos recordar que estos microorganismos influyen en la eliminación de las toxinas y asimilación de los nutrientes de la dieta, por lo que si estamos sanos asimilamos mejor, procesamos mejor los fármacos en el intestino y el hígado funciona de un modo más optimo, ya que también se está viendo que las bacterias intestinales influyen en el flujo de toxinas en hígado.

Por todo ello un buen equilibro bacteriano es clave para la salud en general.

12. Cuál es la perspectiva de futuro de los probióticos según su opinión.

Es de esperar que cada vez se publiquen más estudios y sepamos mejor como funcionan estos microorganismos y de ese modo se podrá personalizar el tipo de probióticos que necesitemos.

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